Dicen que Guillermo del Toro es un gran devorador de
cortometrajes, siempre a la busca de historias interesantes y de jóvenes
realizadores que estén dando sus primeros pasos con pequeños proyectos
personales. Cualquiera que vea el corto de mismo título que Andrés Muschietti rodó en 2008 (que puedes ver tras el salto de página) se quedará
impactado por la tensión y el mal rollo que provocan las imágenes de sus apenas
tres minutos de duración. En buena parte por el propio estilo visual del
director pero sobre todo por la presencia de un Javier Botet que con su
peculiar físico y sus extraños movimientos consigue transmitir todo tipo de
sensaciones negativas. Cuando uno de los que ve este corto es el propio Guillermo,
ve su potencial que además encaja perfectamente con ese universo tan suyo de
mundos reales con tonos fantásticos y presencias fantasmales, y decide
apadrinarte como ya apostara antes por directores noveles como Bayona y El orfanato o Troy Nixey y No tengas miedo a la oscuridad, son garantías de que va
a salir algo que por lo menos merezca ser visionado.
